Ésta Disciplina un poco bruja, de domar el hierro hasta elevar y ennoblecer su origen con una forma delicada y bella, ha ejercido en mi espÃritu una influencia decisiva.
Puedo decir, que en mis primeras inquietudes estéticas las despertaron la verja de la Capilla Real de Granada. Nació y se desarrolló mi afición, en una vieja fragua en el AlbayzÃn, de los hermanos DÃaz Gonzalez.
Empecé a trabajar a los 16 años en un taller subido en un desorden delicioso, era un verdadero museo. Del techo colgaban lámparas de todos los tamaños y estilos, en las paredes se veÃan aldabones que representaban cabezas de dragones, herrajes primorosos platos repujados con los más delicados motivos.
Allà estaba el patrimonio de aquel taller del AlbayzÃn, toda una obra con personalidad y estilo, como expresión rotunda de la supervivencia de una gran escuela de forjadores albaicineros.
Al mismo tiempo que iba aprendiendo el oficio, iba arraigando en mi espÃritu, el respeto y la admiración por aquellas obras salidas de la fragua y el yunque, modeladas a golpe de martillo, por el noble arte que era capaz de transformar la masa fea y dura del hierro en luminosos objetos llenos de encanto y armonÃa.
Allà transcurrieron mis primeros cinco años e trabajo, completándolos con estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Granada. Seguidamente monté un taller de hierros forjados ycomencé a desarrollar amorosamente el rico legado de trabajo y estudios aprendidos durante años.
Actualmente soy componente y fundador de la Asociación de Artesanos del AlbayzÃn y con ella he expuesto a lo largo y ancho de la geografia nacional.
Miguel Antequera.